Por qué es peligroso dar antibióticos a tu hijo sin necesitarlos: efectos y riesgos

Los antibióticos han conseguido salvar millones de vidas desde el momento en el que comenzaron a ser administrados, con el fin de tratar infecciones bacterianas. Esto significa que, exclusiva y únicamente, son eficaces contra las infecciones causadas por bacterias. Sin embargo, en muchas ocasiones es común utilizarlos también para el tratamiento de otras infecciones, aunque […]

Los antibióticos han conseguido salvar millones de vidas desde el momento en el que comenzaron a ser administrados, con el fin de tratar infecciones bacterianas. Esto significa que, exclusiva y únicamente, son eficaces contra las infecciones causadas por bacterias. Sin embargo, en muchas ocasiones es común utilizarlos también para el tratamiento de otras infecciones, aunque en realidad no sean eficaces para las causadas por virus. Lo que es aún peor, si se utilizan indiscriminadamente y cuando no son en verdad necesarios, pueden acabar produciendo un problema mayor: ocasionar que las bacterias terminen volviéndose resistentes a los mismos, de forma que podría llegar un momento en el que terminen por no ser eficaces, cuando antes sí lo eran. Evidentemente, pasaría a convertirse en un problema serio de salud pública. Por tanto, ¿cuáles son los riesgos, para la salud, de dar un antibiótico al niño cuando no es verdaderamente adecuado, y cuáles pueden ser sus efectos?.

Por qué es peligroso dar antibióticos a tu hijo sin necesitarlos

Cuando nuestro hijo está enfermo, es evidente que deseamos y queremos que se sienta bien, y mejor, lo más rápido posible. Sin embargo, los antibióticos no siempre son la respuesta, puesto que a veces pueden incluso acabar haciendo más daño que bien.

Si bien es cierto que los antibióticos son, en definitiva, un fármaco esencial cuando se trata de una infección bacteriana, la realidad es bien diferente: muchas enfermedades infantiles son en realidad causadas por un virus, las cuales no pueden ser tratadas con antibióticos.

Además, el uso excesivo de antibióticos cuando no son necesarios puede ser sumamente problemático, ya que eliminan las bacterias saludables que forman parte de nuestra propia flora intestinal, de ahí que sea importantísimo usar siempre los antibióticos con moderación, y solo cuando sean necesarios (o, lo que es lo mismo, cuando haya sido el pediatra quien lo prescriba).

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Por qué el uso excesivo de antibióticos puede acabar siendo perjudicial

Como posiblemente sepas, la realidad es que los antibióticos no son necesarios para todas las enfermedades. Por tanto, dárselos al niño cuando no están justificados pueden ser potencialmente dañinos. ¿Y cuáles son las consecuencias?:

  • Puede exponer al niño a posibles efectos secundarios del medicamento, entre los que destacan especialmente la diarrea, dermatitis del pañal y aftas.
  • Aumenta el riesgo de resistencia a los antibióticos, por lo que en un futuro puede ser posible que el niño necesite un antibiótico mucho más fuerte la próxima vez que se enferme. O, lo que es aún peor, puede darse el caso de que finalmente ese antibiótico termine por no ser efectivo para una enfermedad para la que sí lo era.
  • Puede aumentar el riesgo de enfermedades autoinmunes, entre las que se incluyen la enfermedad inflamatoria intestinal y la artritis idiopática juvenil (aunque, por suerte, en este último caso el riesgo continúa siendo bastante bajo).
  • Puede aumentar el riesgo a que el niño tenga sobrepeso, de acuerdo a algunas investigaciones.
  • Contribuye a un uso excesivo de antibióticos por parte de la comunidad, lo que puede acabar conduciendo al crecimiento de nuevas cepas de bacterias, en ocasiones conocidas como superbacterias, de manera que se vuelven completamente resistentes a los antibióticos. Y, a medida que más bacterias se vuelven aún más resistentes, y se vuelven inmunes al tratamiento, termina por convertirse en un auténtico problema de salud pública.

Uso de antibióticos en el niño

Entonces, ¿cuándo el bebé o el niño puede tomar antibióticos?

Única y exclusivamente cuando el pediatra haya sido quien se lo haya prescrito. En este sentido, el pediatra le recetará antibióticos al pequeño únicamente cuando sospeche que se trate de una infección bacteriana. Pero si el médico lo receta, y no estás del todo seguro/a de que pueda ser necesario, entonces lo mejor es preguntarle por qué lo necesita.

Eso sí, cuando le des un medicamento al bebé o al niño, es conveniente medir el medicamento de forma meticulosa, seguir todas las instrucciones y darle siempre todas las dosis. Esto es aún más importante, ya que abandonar el tratamiento antes de tiempo puede provocar que la infección vuelva.

Existen determinadas enfermedades que pueden justificar un tratamiento a base de antibióticos. Por ejemplo, son adecuados en caso de infecciones del tracto urinario y la vejiga, faringitis estreptocócica, infecciones del oído, infecciones bacterianas de la piel, neumonía bacterial o impétigo.

Finalmente, no son útiles en caso de infecciones víricas, como: resfriado común, gripe, crup o enfermedad de manos, pies y boca.

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