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De los reflejos a los movimientos voluntarios

El bebé presenta al nacer una serie de reflejos, algunos de los cuales desaparecerán y otros se transformarán en movimientos voluntarios. Entre ellos está el de la capacidad de intentar dar algunos pasos cuando se le pone de pie, o la de agarrarse fuertemente al dedo de un adulto (sin duda, mi preferido).

314068113_9e75278c91.jpgAdemás, desde que nace, es capaz de sostener por sí mismo la cabeza unos breves instantes cuando está boca abajo. Si se le acostumbra a mantener esta posición cuando está despierto, desarrollará antes los músculos que le permitan mantener la cabeza recta. La misma curiosidad del niño por el entorno será un acicate para el entrenamiento. Pero no hay que correr, hasta los tres meses o cuatro el niño no es capaz de sujetar su cabeza, por lo que habremos de ser nosotros los que nos ocupemos de mantenérsela cuando lo cojamos.

El recién nacido también presenta reflejos tan importantes como el de succión, básico para su supervivencia, y muchos otros con los que intentan relacionarse con el medio exterior, por eso no habrá que preocuparse en exceso si vemos que el bebé estornuda a menudo aunque no esté resfriado, o se sobresalta cuando hay ruido o muchas personas hablando a su alrededor, son muchos los factores a los que se debe acostumbrar.

Por otra parte, las llamadas deposiciones fisiológicas son una especie de reflejo que no deben preocupar a las mamás. Tanto éstas, que suelen ocurrir cada vez que es alimentado, como las regurgitaciones de leche, que no se consideran vómitos, son una fase más en la adaptación que habrá de hacer su sistema gastrointestinal a la vida fuera del útero.

Imagen: Flickr