Todos necesitamos tener una dieta equilibrada y alimentarnos lo mejor posible, pero con los más pequeños es algo que puede resultar complicado.

Cuando todavía son pequeños podemos aprovechar los días que preparamos purés para añadir al contenido, los alimentos que de otra manera no tomaría.
Algunos odian las verduras, el pescado o las hortalizas, puede ser que simplemente sea algo aprendido porque a uno de los padres no les guste, porque en algún momento les sentara mal o puede ser, que directamente no le guste el sabor, la textura, el color o la forma.
Normalmente la carne es algo que suelen comer sin dar ningún problema, puede que algo en específico no, pero es más fácil conseguir las proteínas con otras carnes.
La solución es escoger alimentos que les gusten mucho y que sean capaces de cubrir el sabor en un puré, también podemos echar mano del queso para rebajar los sabores y la patata para conseguir una textura agradable.

Cuando son más mayores y comienzan a negarse a comer el puré porque “el puré es para bebés” podemos hacer comidas divertidas, no siempre nos tiene que llevar mucho más tiempo en prepararlas, sólo hay que dejar que nuestra imaginación y creatividad se expanda por el plato.
También podemos utilizar las recompensar, los castigos no suelen ser muy eficaces porque a largo plazo el niño se cansa y no sirven, pero algún juego o una recompensa traerá beneficios.
Comenzaríamos dándole una recompensa en cada comida, luego por día, por semana, etc. Alargándola en el tiempo, hasta que se acostumbre a no recibirlas.
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