La Costra Láctea representa un forma de afección dérmica o dermatitis seborreica, atribuida a un exceso de grasa en la piel, característica en los bebés recién nacidos, que antiguamente era relacionada a una posible intolerancia a la lactosa. Las posibles causas de su aparición, pueden ser una funcionalidad exacerbada de las glándulas sebáceas que se encuentran en el cuero cabelludo, motivada por el cambio de alimentario del bebé, cuando deja su alimentación prenatal o placentaria, por la leche materna o artificial, según el caso, pero en ambos existe un elevado contenido en grasa.
Así cuando esta grasa trasciende la piel, provoca una reacción localizada que recibe el nombre de “costra láctea”.
Su localización es puntualmente en el cuero cabelludo del bebé, aunque muchas veces suele extenderse a la frente y partes del rostro, existiendo casos donde en forma simultanea también hacen su aparición lesiones en los pliegues de brazos y piernas, como en la zona del ombligo, el pañal y otras áreas más extensas del cuerpo.
Se la vincula a la dermatitis atópica, que es un tipo de irritación generalizada, que se manifiesta sin motivo aparente en el lactante, motivo por el cual los niños con este problema dérmico se encuentran con mayores posibilidades a padecer también de costra láctea.
Puede identificarse a simple vista en la zona del cuero cabelludo, ya que forma una especie de costra blanquecina o amarillenta, de consistencia grasa, cuando aparece en rostro, lo hace con un color rojizo al que se suman pequeñas costras amarillentas.
Generalmente no produce prurito o picor, pero si puede extenderse la irritación a todo cuerpo.
Vía| ezine



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